Lo que se viene

Cooperación, la vía para fortalecer la democracia

Una de las características del mundo actual, según lo expone el sociólogo alemán Hartmut Rosa, es la privatización y el individualismo que, en muchos casos, impide a las personas establecer mejores relaciones con el mundo ya que, en la cultura dominante, los valores que se transmiten son el éxito y el lucro sin importar la manera en la que se logre y muchas veces pasando por encima de los otros.


Sin embargo, este modelo ha entrado en crisis y desde distintas voces que se resisten a mantener a toda costa el neoliberalismo, que promueve la desregulación de mercados, la privatización de servicios públicos y sociales y la minimización del control del gobierno, el cual no solo socava los vínculos y el tejido social, sino también la relación del hombre con el medio ambiente. Algunas de las críticas que desde diversos sectores se le han hecho al neoliberalismo son



1. El deterioro de las economías locales en beneficio de grandes

grupos financieros, en el cual hay una clara asignación desigual del mercado


2. La concentración y el reparto inequitativo de la riqueza con lo que prima la precariedad

en lo laboral, la vivienda y también se incrementan las violencias


3. Se desvaloriza lo público y se desdibuja el interés general,

lo cual debilita la democracia


4. La degradación del medio ambiente que implica una crisis climática,

la acumulación de residuos y la pérdida de la biodiversidad, debido

a las dinámicas basadas en el extractivismo de recursos no renovables


Yunque el cooperativismo no puede solucionar estos problemas, podría funcionar como un ejemplo en términos pedagógicos para sus miembros, de modo que capitalismo se pueda manejar de una forma humanista, para poder lograr más equidad social; en este sentido, se han lanzado propuestas que, si bien no son recientes, tienen un carácter novedoso y prioritario en la actualidad. Se trata de la solidaridad y la cooperación.




En este sentido, lo que se promueven son relaciones horizontales que cuestionen las jerarquías convencionales y que promuevan el trabajo en red. Para esto se deben invertir también otros valores que se han fomentado y así pasar considerar como lo más importante en esa escala el afán del lucro o la realización individual, y poner por encima el compromiso con la comunidad y el desarrollo de lo colectivo.


Aunque las cooperativas son modelos capitalistas, sus estructuras organizacionales están basadas en procesos democráticos y solidarios para sus miembros; en ese sentido, no se trata de estructuras económicas socialistas.


Principios del cooperativismo

El cooperativismo se basado en premisas que privilegian el trabajo en red sobre el afán de lucro, así como el compromiso con la comunidad y el involucrarse en el desarrollo local. En ese sentido, la International Cooperative Allience, define estos principios que son claves en este modelo:


1. Las cooperativas son organizaciones voluntarias, abiertas a todas las personas que puedan utilizar sus servicios y estén dispuestas a aceptar las responsabilidades de la membresía


2. Los miembros hacen un control democrático de estas organizaciones y tienen un rol activo en la toma de decisiones. Existen roles representativos, quienes son elegidos por los miembros; sin embargo, cada persona que hace parte, tiene derecho a un voto.


3. Cada participante de la cooperativa contribuye de manera equitativa y controla el capital de la organización, el cual es de propiedad común. Los socios se benefician en proporción a sus transacciones con la cooperativa.


4. Las cooperativas buscan la autonomía y el control democrático por parte de sus socios.


5. Las cooperativas brindan educación y capacitación a sus miembros, para que puedan conocer cómo funciona la organización y buscan fortalecer, en general, al movimiento cooperativo.


6. Estas organizaciones trabajan por el desarrollo sostenible de las comunidades a través de políticas aprobadas por sus miembros.



El cooperativismo es un modelo organizacional que se podría adaptar como modelo social y político, aunque, en este caso, sus beneficiarios principalmente son sus miembros y la comunidad o territorio al que pertenecen. En América Latina y especialmente en Colombia, por ejemplo, es de anotar que este modelo asociativo ha sido clave para las comunidades históricamente excluidas como los campesinos, indígenas y afrocolombianos, quienes lo han usado como solución a muchas de sus problemáticas, teniendo como base la ayuda mutua, la reciprocidad y la solidaridad.


Alternativas al neoliberalismo


En el neoliberalismo, el Estado entrega el poder al mercado no-regulado, lo cual hace que se diluya la responsabilidad de los gobiernos de garantizar los derechos de toda la sociedad, pues solo intervienen para institucionalizar leyes que fortalecen el mercado y el sector comercial, cuyos objetivos son únicamente generar más utilidad.


Teniendo en cuenta la expansión de este sistema, es interesante anotar que las cooperativas en la actualidad surgen como una respuesta ante la expansión, concentración y, de alguna manera, monopolización de la industria, el comercio y las finanzas (aunque no es nuevo el concepto e, históricamente, se pueden registrar en las sociedades antiguas donde se promovían los beneficios mutuos).


Así, considerando muchas de las realidades de las personas que viven en la inequidad, el modelo de cooperativismo podría crear dinámicas económicas solidarias y paralelas que no sean excluyentes y en las cuales, tanto las personas como el entorno sean el eje para mejorar las condiciones para todos, especialmente, teniendo presente algo que la dignidad no es un asunto negociable y que debe estar antes que todo.


Se trata, entonces, de potenciar la economía solidaria en la que se tiene presente que los beneficios que se obtienen con el trabajo no sean solo económicos, sino que, eventualmente, también pueda traer réditos sociales y culturales. Y se habla de potenciar y de expandir porque en muchos sitios han surgido unidades productivas comunitarias como alternativas, pero que son pequeñas. Un ejemplo de esto es la corporación Mondragón creada por y para las personas y comprometida con una sociedad sostenible en España, especialmente, en el País Vasco.


Por esto, es clave volver a pensar en algunos principios que invierten los valores del neoliberalismo, uno de ellos es pensar la economía al servicio de las personas, priorizar las relaciones de igualdad que tengan presente la horizontalidad y la inclusión.


¿Y cómo empezar?


Se trata, de nuevo, de cuestionar las prioridades que ha impuesto el sistema actual, empezando por reforzar los vínculos sociales y la solidaridad que se han roto porque muchas de las relaciones sociales actuales se piensan desde la competencia. De este modo, es necesario propiciar espacios de encuentro en lo público para educar la comunidad sobre los beneficios del cooperativismo e identificar necesidades comunes que la estructura cooperativa podría solucionar.


Esto último, se puede poner en práctica a través de la creación de cooperativas autogestionadas o, en donde las personas participan con el propósito de hacer frente a sus necesidades y aspiraciones. Así, la organización no tiene un solo dueño sino que es de propiedad conjunta y es dirigida de manera democrática (la organización puede concebirse con o sin ánimo de lucro), además aquí su crecimiento se piensa para ser sostenible y, en muchas ocasiones, están en consonancia con las necesidades reales de las comunidades.



La justicia, en este punto, debe ser la palabra clave sobre la que se construyan las cooperativas. Por eso, como empresas, se deben pensar desde casa uno de sus miembros y generar relaciones con otras organizaciones con principios éticos parecidos en donde se fomente el intercambio.


En conclusión, pensarse desde el cooperativismo como un modelo organizacional representa una alternativa viable para responder a la necesidad que tienen las comunidades de relacionarse de forma más igualitaria y justa, especialmente, desde el ámbito económico pero sin perder de vista los fines sociales y poniendo presente la importancia de entender el papel que cada uno tiene como ciudadano, pues es desde la participación, es decir, con una ciudadanía activa que se pueden generar las transformaciones necesarias.


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