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Lo que se viene

Desigualdad económica en la era digital

La desigualdad económica tiene causas muy profundas que hoy se ven potenciadas en cuanto a que la esperanza de la movilidad social, entendida como la posibilidad de que un ciudadano prospere con su esfuerzo y dedicación, se ha visto diezmada. Diversas investigaciones aseguran que hoy el elevador de la movilidad social está roto y, por tanto, es probable que se produzca un malestar social sostenido.


Es decir, lo preocupante de esta situación es que la probabilidad de ascender, basándose solo en el salario, es cada vez menor ya que la acumulación de riqueza en la cima dificulta el ascenso de los de abajo; además, la movilidad social depende ahora más de la riqueza (la cual está supeditada a la propiedad de bienes) que de los ingresos (que provienen del empleo); en ese sentido cada vez es más frágil la posibilidad de salir de la pobreza, mantenerse en la clase media y, más aún, acceder a la clase alta.


Las cifras dan cuenta de que la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor, solo en Colombia, según el Banco Mundial, los ingresos del 10% de la población más rica de los colombianos es once veces mayor que la del 10% más pobre.


En este sentido, diversos autores plantean que el intelecto, la ética del trabajo y el carácter tienen mucho menos que ver con el ascenso social que el género, la raza y el privilegio circunstancial de haber nacido en cierto contexto; sin embargo, en la época de las economías digitales se presentan otras oportunidades y, con ellas, otros riesgos a analizar.


¿Otras posibilidades?


Ahora, aunque el sistema actual del neoliberalismo ha creado barreras para acceder a la riqueza, las nuevas economías digitales, que han cobrado fuerza gracias a la ubicuidad de la tecnología y la conectividad, facilitan diversas formas de comercializar actividades, productos o servicios ya existentes u otros nuevos, lo cual abre puertas para generar ingresos en espacios virtuales e, incluso, a partir de activos totalmente digitales.


Lo relevante es que estos nuevos modos de ascenso se basen en la iniciativa, la innovación y el ingenio, pero aquí también hay que detenerse y observar de manera crítica cómo estas economías y las facilidades que permite la tecnología pueden también estar generando exclusión o, incluso, exacerbando la ya existente, derivando en lo que se ha nombrado como un sistema de castas tecnológicas.



Un ejemplo de lo anterior, en donde se da cuenta de esa desigualdad, se encuentra en Reino Unido, donde se demostró que la automatización del proceso de visados, bajo una Inteligencia Artificial (IA), si bien facilitó los procesos también generó que los solicitantes africanos tuvieran el doble de probabilidades de ser rechazados frente a los de cualquier otra parte del mundo. Asimismo, en otros países se han denegando algunos derechos como la libertad de circulación y el acceso a la justicia, porque algunos de sus rasgos individuales se han convertido en datos que, según el sistema, hay que tener reservas.


Esto último se da, especialmente, en el caso de las puntaciones sociales (social score) que consiste en que un sistema evalúa y clasifica el comportamiento de los ciudadanos, mediante la recopilación de datos de las redes sociales, bases de datos públicas y cámaras de vigilancia, como en el caso del gobierno chino (el cual empezó a utilizarlo en 2014). Este sistema incide directamente en la decisión de quién puede o no acceder a un crédito social; además, incluye sanciones para quienes tengan puntuaciones bajas, por ejemplo, la restricción de las oportunidades de trabajo y desplazamiento, dificultades para el acceso a la vivienda o disminución de la velocidad de Internet, entre otras consecuencias.


Todo lo anterior plantea retos éticos importantes para los cuales se han vislumbrado alternativas para que los obstáculos puedan ser sorteados. Es aquí donde interviene la educación, ya que estas posibilidades son sólo viables para quienes poseen las aptitudes adecuadas para acceder o crear oportunidades tecnológicas. De este modo, la formación debería estar orientada a propiciar el pensamiento crítico, la curiosidad y la creatividad, que son bases claves para la adquisición de las habilidades STEM, especialmente para que más latinoamericanos, negros y africanos participan en la comunidad de lo digital.


Este enfoque, sin embargo, no debe dejar de lado ni las artes ni las humanidades que son las que realmente nos preparan para el ejercicio democrático y nos permiten pensar en lo común, como lo propone Martha Nussbaum.



Hoy es fundamental que los procesos educativos se puedan centrar más en propiciar la generación de preguntas que lleven a respuestas reflexivas, pero sobre todo a tomar acciones que estén dirigidas no únicamente a la generación de ingresos, sino a permitir la participación plena e igualitaria de todos los grupos en una sociedad, la búsqueda del bien común y a mantener la esperanza, de ahí que sea clave garantizar un proceso democrático, inclusivo y participativo, así como asegurar una distribución de recursos equitativa que garantice la seguridad de todos.


Así, la educación comprendida como una acción fundamental para el desarrollo de la sociedad, juega un papel importante para que dicha sociedad sea más justa, siempre y cuando involucre la creatividad y la curiosidad que, como diría Paulo Freire, puedan permitir el cuestionamiento constante de la realidad.


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