Lo que se viene

El baile de los que sobran

Los jóvenes en Colombia salieron a las calles, se movilizaron y pusieron en los muros, en el viento y en el papel sus demandas, algunos de los temas eran circunstanciales como la presentación de una reforma tributaria injusta a raíz de la caída del PIB en el contexto de la pandemia, pero en el fondo, el llamado era claro: alzar la voz la profunda desigualdad y falta de oportunidades de la población, especialmente, de la juventud.


Al espacio público, por meses, salieron miles de jóvenes que han sido calificados como ninis, es decir, que no trabajan, pero tampoco estudian. Parece un fenómeno reciente y aunque quizás en la actualidad esté exacerbado, el concepto existe desde 1999, cuando en Gran Bretaña se publicó un informe hablando sobre las brechas de esta población y sus oportunidades. En español, el término apareció en el diccionario oficial en el año 2010 y hoy se refleja esta palabra en una realidad de 270 millones de ninis.


Según el Banco Mundial, en América Latina la cifra alcanza 20 millones que, en su mayoría son mujeres, un 66 %.


Las razones para ser calificado como nini varían, aunque lo que es claro es que se trata de un fenómeno global de marginalidad e invisibilización; aunque esto último que claramente es una desventaja, también se ha convertido para muchos, en una potencia.


Sus voces no se silencian


En muchos países, a pesar de los prejuicios que existen frente a la juventud, especialmente frente a quienes ni trabajan ni estudian, no se puede negar que muchos de ellos han sido claves para movimientos sociales tan trascendentales como la Primavera Árabe, en la que se buscó derrocar dictaduras y sistemas represivos e injustos. Lo mismo se puede decir de Chile en donde se expresó un claro descontento con el modelo socioeconómico del país y, por último, el caso colombiano, en el que este sector de la población ha sido clave para sacudir el poder y hacerle preguntas a la democracia desde una participación no formal pero activa en 2021.





Uno de los puntos cruciales de esta participación renovada en lo político es también la sacudida que pueden hacer los jóvenes a los gobiernos, teniendo en cuenta un aspecto muy importante e innegable especialmente en América Latina: la mayoría de la población en esta región es joven, es decir, personas que están entre los 14 y 19 años y entre los 20 y los 30 años (jóvenes adultos). Esto significa, hablando en términos económicos, que gran parte de la población puede ser productiva y esto se puede convertir en una ventaja si se crean y aplican políticas claras que impulsen y apoyen la juventud.


Por el contrario, las consecuencias de no hacer y no pensar en estas políticas, no afectan solo lo económico, pues este descontento existente por no estar realizando ninguna actividad, baja la autoestima (al sentir que no existen para el mundo) y genera muchas dificultades en la integración y en la construcción de sociedad; además, posibilita con mayor fuerza que la manera de integrarse sea a través grupos delincuenciales, la drogadicción o la prostitución, etc.


Ser joven hoy


El concepto de juventud aparece, según José Luís Aranguren, en los años 50, después de la Segunda Guerra Mundial, una de las razones es que después de ese momento histórico, la esperanza de vida aumentó y con ella se prolongó el periodo de la población económicamente activa; además, también se esgrimen algunas razones como la búsqueda de la publicidad por capturar un nuevo nicho para el mercado y, por eso, se refuerza el uso de esta categoría.


Con la aparición de este término, desde las instituciones de educación se extienden los ciclos de formación para así lograr incorporar de mejor manera estos jóvenes al mundo laboral. Sin embargo, son estos dos lugares en los cuales hoy no encuentran cabida los ninis. En Colombia, por ejemplo, a raíz de la pandemia, unos 39.000 estudiantes abandonaron sus estudios universitarios, según datos del Ministerio de Educación Nacional y del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior dados en octubre de 2021.


En cuanto al empleo, las cifras no son mejores. De acuerdo con los datos publicados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), solo entre abril y junio de 2021, la tasa de desempleo entre los menores de 28 años fue de 23,3 %, lo que indica que hay 1,58 millones de jóvenes desocupados en el país. El diagnóstico para ubicar las causas de estas cifras es amplio. Una de estas razones, algunos expertos las han encontrado en la crianza y procedencias de los jóvenes, por ejemplo, las familias disfuncionales y la paternidad o maternidad a una edad muy temprana (embarazo adolescente).


Por otro lado, otras de las razones de esta situación es la exclusión social o la discriminación y, por supuesto, la realidad del mercado: pocas opciones y dificultades de muchos para acceder a ofertas de empleo. Esto último se puede dar por la marginalidad tecnológica, por la baja cualificación y también, en el caso de las mujeres, porque muchas de ellas son obligadas a realizar trabajos domésticos no remunerados.



Recomendamos visualizar el video producido por los participantes del proyecto Voces Jóvenes en tiempos de crisis, dando clic aquí. Si quieres conocer más de este proyecto, puedes visitar el siguiente enlace.


En el caso del acceso a la educación también hay varios factores que inciden en que varios jóvenes, en los últimos años, no accedan a los estudios superiores. Uno de ellos son los altos costos de muchas carreras y la dificultad de acceder a la oferta pública. El otro tiene que ver también, directamente, con el tema laboral.


Para muchos, los programas que ofrecen hoy las Universidades no resultan tan atractivos o no responden a las expectativas que se tienen; los jóvenes encuentran poca motivación en el estudiar cuando piensan en la dificultad de conseguir empleo, es decir, cuando los costos (que aumentan cada año) y el esfuerzo que implica hacer un pregrado, no se justifican frente a la remuneración que recibirán. Además, cuando se tiene claro que también tener solo un título no es suficiente para conseguir un buen empleo.


Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en América Latina y el Caribe hay 170 millones de jóvenes, de los cuales, uno de cada cinco se encuentra en una situación de alta vulnerabilidad.


La liquidez del mundo


Desde la sociología, autores como Zygmunt Bauman enunciaron bajo un concepto lo que está pasando en la actualidad: modernidad líquida. Con esto da cuenta de una situación característica de estos tiempos en los que prima la incertidumbre, la ausencia de vínculos sólidos, la transitoriedad y los lazos frágiles. Esta categoría está relacionada con factores educativos, culturales y económicos.


Según Bauman, uno de los ámbitos más afectados por la Modernidad Líquida es el laboral. Hay una gran incertidumbre frente a lo que pasará, pues a los jóvenes ya no les sucede como a sus padres quienes ingresaban a una empresa o a cualquier trabajo en donde permanecían hasta que se retiraran; el desafío hoy genera trastornos de estrés y ansiedad porque un empleo ya no es suficiente para desarrollarse profesionalmente; se exige, a veces de manera implícita, desempeñar distintas labores y tener diferentes puestos para poder destacarse, lo que implica la exigencia de una cualificación constante.


Ahora bien, según distintos investigadores sociales, una de las posibilidades más alta de ser nini está en aquellos que tuvieron que acudir a la deserción escolar para empezar a trabajar (la mayoría de las veces de manera informal). Algunas instituciones como el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) han advertido que las consecuencias de no atender esta situación puede ser:


1. Dificultades para las economías emergentes

2. La perpetuación de la desigualdad

3. Aumento de la violencia y de la delincuencia


Fábulas sobre el futuro


Unos de los aspectos en los que se ha llamado la atención para atender a la población creciente de ninis, tiene que ver con se deben fortalecer las condiciones de intermediación laboral, lo cual consiste en favorecer la empleabilidad, fortaleciendo la educación, de modo que los jóvenes puedan identificar las oportunidades de empleo y acceder a puestos de trabajo desde la meritocracia.



Aquí podrás escuchar los testimonios de algunos jóvenes sobre sus reflexiones, preocupaciones y sentires frente a la participación, la investigación y la creación.


En ese sentido, es importante fortalecer la equidad de género en los trabajos y aquí uno de los asuntos fundamentales tiene que ver con la prevención del embarazo adolescente.


Cerca del 70% de los NINI son mujeres


Por otra parte, lo más crucial es que los gobiernos diseñen, implementen y promuevan las políticas públicas que tienen que ver con la creación de empleo, lo que implica también el hecho de hacer un llamado a las empresas para que contraten jóvenes y que les posibiliten acceder a una primera experiencia profesional (que no impliquen el hecho de aprovecharse de su fuerza laboral); además, también el llamado que desde hace años se ha hecho es el fomentar el emprendimiento, es decir, que los jóvenes sean quienes puedan también, a la larga, generar más empleos.


Sin embargo, ninguna de estas soluciones parece ser realmente viable para muchos expertos quienes argumentan que el camino que queda es modificar el sistema económico. Desde la perspectiva de varios movimientos contemporáneos, se han planteado salidas para encontrar alternativas al capitalismo, es decir, formular soluciones en las que se piense en la solidaridad y en sus formas como las ecoaldeas o las cooperativas, pues la crisis no está solo en la juventud sino en todo el sistema.






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