El escenario como plataforma para el activismo

“Creo en el amor, nuestra arma es el amor, el diálogo y el arte” Elizabeth Cano


Colombia se ha reconocido en el mundo por tener una gran brecha de desigualdad social, las cifras ubican al país como el segundo más desigual de Latinoamérica, en donde la persona más rica gana en promedio 60 veces más que una pobre. La concentración de la riqueza en el país en una pequeña parte de la población resulta no ser un hecho nuevo para Colombia; mientras que algunos pocos poseen la mayor parte de las tierras, otros se enfrentan a una sociedad desigual en la que salir de la pobreza cuesta entre cinco y nueve generaciones. Mientras la mayoría de los países de la región encaran desde finales del siglo XX el desafío de la globalización neoliberal y sus efectos en términos de desigualdad, pobreza, exclusión social e inestabilidad institucional; Colombia debe enfrentar adicionalmente los términos de una guerra endémica de más de cincuenta años que la somete aún más a los vaivenes de la política internacional y obstruye las posibilidades de construcción de actores sociales orgánica y políticamente robustos. (López & Rafael, 2011, p.126)



La desigualdad, la violencia y la falta de oportunidades, tanto de educación como de empleo, se han vuelto un paisaje común para la población; sin embargo, como dice el filósofo francés Michel Foucault, donde hay poder hay resistencia y la resistencia en Colombia se ha hecho, entre otras formas, a través del arte.


En distintos espacios como las calles, algunas organizaciones y fundaciones, es posible encontrar gran cantidad de gente que se propone, desde distintos ámbitos, apostarle a la transformación y justicia social para Colombia. Las expresiones artísticas como el teatro, el muralismo, la música y el baile, resultan esenciales para plantearse una forma distinta de hacer las cosas, de ver el mundo y de construirlo. En este sentido, el sector artístico y cultural del país se ha destacado por su activismo, buscado que, a través de procesos sociales y comunitarios, el arte aporte a la sociedad herramientas para pensar y crear nuevas formas de ser y existir.


La pulsión vital del teatro

Algunas metodologías teatrales que se desarrollan tanto en Colombia como en Latinoamérica le apuestan a la creación de conciencia crítica y al trabajo social. Haciendo un recorrido se reconoce el teatro social y de lo social, el teatro del oprimido, teatro para la liberación, teatro para la paz, teatro de la escucha, etc., como metodologías que, a través de sus procesos desde y para la comunidad, crean espacios democráticos y de formación social en pensamiento crítico.

En ese sentido, se plantea que el escenario es una plataforma para el activismo, como lo plantean algunos artistas y teatreros nacionales: Jorge Blandón, gestor cultural y director de la Corporación Cultural Nuestra Gente; Elizabeth Cano, directora artística de la Corporación Hérmetus, consultora de artes escénicas, directora de teatro y docente; y Ximena Vargas, realizadora de Cine y Televisión, integrante del laboratorio de artistas de Mapa Teatro. Cada uno de ellos, reconoce que Colombia está en un punto sociopolítico crítico en el que el arte tiene mucho que aportar, así como lo han hecho con cada uno de ellos con los procesos comunitarios que han desarrollado en Hérmetus desde el año 2000, en la Corporación Nuestra Gente desde 1987, y en Mapa Teatro desde 1986.


Con base en esto hay una premisa esencial:

El arte es político; pues lo político es algo que se vive y se construye cada día, por tanto, el arte participa de ello todo el tiempo al construir tejido social, pues este une y crea un espacio de comunicación entre el artista y la comunidad, además, genera un pensamiento político crítico al proponer espacios para la reflexión y aprendizaje.

Una muestra de lo político que es el arte, en palabras de Jorge Blandón, es ver cómo una práctica artística como el teatro incomoda, no solo a la sociedad, sino también al estado, pues este teatro plantea la importancia de reconocer la diversidad y la diferencia. Asimismo, Blandón plantea que el teatro mueve fuerzas en pugna, por lo tanto le propone al público, al que en la Corporación Nuestra Gente llaman co-creador, nuevas preguntas.


Para un estado neoliberal que no le apuesta al arte como una forma de construir país, pero sí a las armas y a la guerra, el arte mismo resulta ser un arma, ya que ante estas formas hegemónicas de ejercer poder cualquier forma de generar conciencia crítica resulta peligrosa, como afirma Elizabeth Cano.

Por ejemplo, en Mapa Teatro se reafirma una postura en contra de este pensamiento neoliberal a través de la misma propuesta del teatro como un espacio para la reflexión y no para la producción. En un mundo donde el mercado pide producir monetariamente todo el tiempo, parar y solo producir conocimiento es una forma de reivindicar otras formas posibles de hacer las cosas. Ximena Vargas, recalca entonces que, en estas épocas de coyuntura como la que está viviendo Colombia, los protagonistas son los que se sientan a reflexionar por un momento sobre lo que está sucediendo en el mundo, en otras palabras: pensar para construir, generar diálogo y más tarde actuar. Allí el papel del arte, en especial el del teatro, es el de ser espejo de la sociedad, dar voz y recordar que todos los seres humanos son dignos.

Finalmente, es posible concluir que, el papel del arte es esencial si se quiere transformar la sociedad, sobre todo en un país como Colombia. En palabras de Elizabeth Cano, el arte puede permitirnos abrir un espacio para proponer una mirada crítica del mundo aportando herramientas para despejar un poco la mirada, y entender lo que hay en el otro sin tantos prejuicios.



Para conocer la conversación completa y entender las discusiones y reflexiones de estos artistas junto con Casa Tres Patios, los invitamos a ver el conversatorio aquí.


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