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Lo que se viene

Música para construir comunidad

  • Foto del escritor: Comunicaciones C3P
    Comunicaciones C3P
  • 19 ago 2021
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 20 ago 2021


“El arte tiene algo que no tienen otros lenguajes porque logra tocar otras sensibilidades y también hacerlas pensar con la cabeza. Desde el cuerpo y las sensaciones, puedo generar otro tipo de diálogos y reflexiones en donde la gente puede llorar o abrazarse”

Estas son las palabras de Juan Manuel Gómez, músico del grupo caleño Mr. Klaje y quien, desde iniciativas como ¿Cuál es la verdad? y Crear Sin Fronteras ha acompañado a Casa Tres Patios para pensarnos cómo las artes pueden ser metodologías claves para el desarrollo de proyectos en comunidades.


En ese sentido, en este artículo compartiremos cómo la música puede incidir en procesos sociales y transformar comunidades, a partir de la experiencia de Mr. Klaje quienes, desde 2010 han buscado hacer una exploración sonora, no solo desde los géneros musicales si no desde los mismos instrumentos que utilizan, los cuales están hechos de diversos materiales, pues su apuesta también tiene que ver con fomentar la conciencia sobre el medio ambiente y, en ese sentido, promueven la resignificación de la basura.


Sonidos que se llevan en la sangre


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La curiosidad por lo artístico y social viene de la familia, cuenta Juan Manuel Gómez, ya que cada Navidad en su casa se reunían más de 50 personas a las cuales había que “mantener entretenidas” y, por eso, el sentido de lo colectivo y la importancia del juego y de las manifestaciones culturales siempre han estado muy presente en su vida y en la de sus familiares, muchos de los cuales son pintores, actores o trabajadores sociales, es decir, pertenecen al mundo de las artes y de las humanidades.


En uno de esos diciembres y, precisamente en un juego, Juan Manuel se ganó su primera guitarra. Desde ese momento, él decidió qué quería hacer con su vida, por eso, cuando se graduó del colegio y aunque ya tenía una hija por la cual responder, decidió empezar a estudiar música en la noche, mientras en el día trabajaba.


“Las artes son muy confrontadoras, porque lo enfrente a uno todo el tiempo al fracaso”

Esta frase la dice con contundencia Juan Manuel quien, a pesar de que también reconoce la satisfacción cuando se obtienen triunfos, insiste en la importancia de generar resiliencia pues el medio es complejo y “está permeado de muchos egos que piensan más en el brillo personal”. Por eso, aunque empezó a estudiar música con amor, también es crítico con el proceso de enseñanza de las artes, precisamente porque allí se fomenta mucho la competencia y poco el trabajo en colectivo y porque se ejercen muchas presiones sobre los estudiantes.


Además, Juan Manuel se dio cuenta de que en esa mirada de la enseñanza del arte, muchas veces lo técnico era más importante que lo humano y a él le seguía interesando mucho el trabajo con comunidades, por lo que, inicialmente, se dedicó a compartir lo que sabía y comenzó a involucrarse con los espacios formativos, dando clases en guardería y colegios, lo que lo fuer llevando a entender que lo suyo no era ser músico instrumentista, sino generar procesos educativos en contextos sociales, que le permitieran propiciar aprendizajes integrales.


A la par que entendía esto, se iba enfocando más y más por lo que terminó una técnica en música en el Instituto Popular de Cultura en 2010 y comenzó su profesionalización en Licenciatura con énfasis en artes, en conjunto con la Universidad del Tolima, la cual terminó en el 2015. Fue este último paso el que le permitió conocer otras escuelas de arte y ver la importancia de otros lenguajes artísticos, fortalecer sus destrezas para trabajar con comunidad y comenzar su trabajo como gestor pedagógico y cultural.




En este proceso, Juan Manuel conoció varios compañeros con quienes creó una comparsa, la cual se constituyó como espacio interdisciplinario de trabajo y que llegó a tener una nómina de 60 artistas. Con ellos, fue al Festival Iberoamericano de Teatro y a otros eventos importantes que le permitieron entender que trabajar de manera interdisciplinaria es fundamental, así como promover la creación colectiva, dialogar entre los diversos lenguajes e, incluso, usar mecanismos de resolución de conflictos, de manera empírica, para mejorar la convivencia con un grupo. Esto último fue, para él un gran aprendizaje.


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En esos días y mientras estudiaba, Juan Manuel no dejó de hacer música. Durante un tiempo hizo parte de un grupo llamado Los Porrongos, en el cual no estaban completos los instrumentos. Fue en ese momento que decidió no dejarse detener por ese problema y, junto con sus compañeros, ideó una solución que sería el inicio de algo clave en el camino de Juan Manuel: construir con otros materiales lo que hiciera falta para poder hacer música y, aunque la gente los observaba como si estuvieran locos, a medida de que iban perfeccionando esta idea, los comenzaron a mirar con otros ojos.


Juan Manuel escribía y cantaba y, además, se preocupaba por cómo poder presentar su música en las calles. De ahí se dio cuenta que, en esos espacios, los montajes tenían que ser muy concretos y con otros amigos de un grupo nuevo que conformó, empezaron a pensar en cómo interpretar lo que hacían en una tarima sin mucho andamiaje, por esta razón se dedicaron a investigar cómo crear diversos instrumentos con material reciclable: “Pensamos un nombre, conservamos los tarros e implementamos guitarras y otras cosas”. De ahí nació Mr.Klaje.



Claje, claje: reciclaje


El nombre de la banda le hace honor a un reciclador que pasaba por sus barrios gritando: “Claje, claje, tu reciclaje”. El trabajo de este hombre los inspiró a llevar con su música y su trabajo varios mensajes: uno estaba pensando para las personas que les interesaba la música y que no tenían cómo comprarse un instrumento, pues les mostraban que lo podían construir ellos mismos; por otro lado, se enfocaron en resignificar el estigma social del reciclador y dar cuenta de la importancia que tiene este oficio, el cual es un engranaje fundamental para el funcionamiento de una ciudad, de modo que añadieron al Klaje, la palabra Mr., “porque esto es lo que se le dice a las personas importantes, da estatus y queríamos hacer eso con los recicladores: darles estatus”.





Así, con este nombre empezaron a dar conciertos locales e internacionales y se consolidaron como un colectivo que, si bien no les ha dejado mucho dinero, les ha dado madurez y conocimientos para sostenerse como un proyecto independiente que no solo se interesa por componer y tocar canciones sino también por enseñar y crear transformaciones sociales. Por eso, buscaron formalizarse más y Juan Manuel se dio a la tarea de escribir proyectos para aplicar a convocatorias de estímulos. En los primeros años no obtuvieron nada; sin embargo, al tercer intento ganaron una beca del Ministerio de Cultura en el año 2014, con una iniciativa llamada La ruta de la basura: desechar una botella o hacer un instrumento. Su objetivo era resignificar, reutilizar, y hacer una buena disposición de residuos para recuperar materiales y fabricar instrumentos. Asimismo, buscaron hacer educación ambiental para disminuir la carga que los seres humanos le generan al planeta.



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Todo esto lo desarrollaron en espacios seguros dentro de contextos complejos, en barrios de Cali donde había varias problemáticas. Fue tan exitosa esta idea que siguieron ganando estímulos e, incluso, pudieron viajar a México a un festival llamado Residuo, en el que no solo hicieron una gira con su música, sino donde también dieron talleres. A partir de esta experiencia y de varios contactos que Juan Manuel conoció durante sus viajes, pudo seguir desarrollando proyectos con otras organizaciones como la Fundación Casa Tres Patios.


“Juntos, al sumar la experiencia que teníamos de trabajo comunitario junto con el andamiaje y experiencia organizacional de C3P, pensamos metodologías para construir desde lo común y no desde lo que nos divide, desde las metodologías del arte”, cuenta Juan Manuel quien recuerda proyectos como 3rs Para la Paz o ¿Cuál es la verdad?, realizados en el departamento del Chocó y Crear Sin Fronteras, basado en Medellín.
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Hoy Juan Manuel está terminando una Maestría en Educación Intercultural Inclusiva y, aunque admite que “ha sido más rumbero que académico, del encuentro que del estudio”, ha entendido que combinar lo académico con lo territorial es clave para tejer procesos más completos en los que, además, pueda aprovechar sus intereses y talentos.


“Con el pasar de los años en los ojos, a las personas se les ve algo apagado cuando ellas dejan de ser lo que son y de hacer lo que les gusta”, dice Juan Manuel quien además recalca que uno de los grandes aprendizajes cuando se trabaja en comunidades es generar emociones que permitan construir relaciones pero también tener siempre presente que en el ejercicio de compartir con los colectivos “no puedo dejar de ser yo, de saber hasta dónde llego y hasta dónde cedo”.


“Yo tengo 35 años pero he vivido como mil millones de años”, finaliza Juan Manuel quien desde el día que se ganó la guitarra, ha entendido que su lugar como profesional está en escenarios donde pueda servirle a los demás en cualquier espacio que haga reír, que permita generar reflexiones y acciones, estar acompañando y tejiendo todos esos procesos. “Esa es la gran conclusión”.



*Fotos tomadas del archivo de Juan Manuel Gómez.

 
 
 

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