Prácticas de arte político feminista
- Comunicaciones C3P
- 4 ago 2021
- 3 Min. de lectura
Las producciones artísticas, en esencia, son una representación del contexto social en que están inscritas, de modo que el arte puede ser un medio para reflexionar sobre la cultura desde su interior, así, se puede entender que no se puede separar una expresión artística de lo político, entendiendo que la política es la forma institucional y representativa, del ejercicio de poder, y que, lo político, es la acción-postura frente a la política, es decir, lo que desborda lo institucional, yendo más hacia las formas de vida en sociedad. Pues a pesar de que muchas obras no están representando o hablando directamente de este tema, sí expresa en sí mismas un contexto que no deja de ser politizable.
El arte como acción política

Existe una manera de hacer arte, en específico, que se centra en ser acción política crítica. Aquel arte, es en consecuencia contrahegemónico, y en la mayoría de las ocasiones pretende dar voz a quienes no la han tenido, o, a quienes están en posición de vulnerabilidad. En este sentido, el arte como medio para la práctica feminista y/o el arte feminista caben en esta connotación del arte como acción política crítica.
El arte feminista no es ni un estilo ni un movimiento, sino un sistema de valores, una estrategia revolucionaria, una forma de vida. Lucy R. Lippard.
Desde los años 60s las artistas colombianas han politizado su trabajo enunciándose desde el feminismo; han cuestionado las formas patriarcales de entender la identidad, además han resignificado “las fronteras impuestas entre lo cultural y lo natural, lo personal y lo político, lo privado y lo público, lo objetivo y lo subjetivo, la ciencia y el arte, el deseo y el lenguaje”, creando así, a partir de lo más íntimo del proceso artístico, una versión del arte político-crítico.
Este ha sido el caso de algunas mujeres artistas y feministas residentes en la Fundación Casa Tres Patios, pues su trabajo se basó en prácticas del arte político feminista. En este contexto, la antropóloga Claudia Cano, realizó una investigación etnográfica en la que muestra por ejemplo cómo la producción artística de Julieth Morales y Andrea Zúñiga Delgado, se desarrolla entre lo personal y lo político para reivindicar nuevas formas de ser y resistir como mujeres.

Julieth, mujer indígena Misak, con su residencia nombrada “Hilar, destejer y lavar los pensamientos”, organizó talleres rituales de intercambio y conexión para “pensar en colectivo sobre la identidad de cada persona y cómo ésta es determinada por aspectos históricos, culturales, sociales y políticos”. Por otro lado, Andrea con su residencia “Desafíos aleatorios para una rebeldía amorosa” realizó un laboratorio de investigación nombrado “Laboratorio feminista de exploración, deconstrucción, desobediencia, reinvención y hechicería amorosa.” en el que en una serie de talleres con mujeres entre los 20 y 30 años exploró y creó a partir de la experiencias amorosas, reivindicando nuevas formas no románticas de relacionarse.

Por último, se dice Claudia Cano, el arte como acción política feminista "pone en entredicho la idea del arte como sistema social impermeable y lo dota de una lectura que resignifica la dicotomía entre temas de discusión pública y temas de discusión íntima, que se han encontrado separadas por responder a un modo de organización política patriarcal en el que lo masculino se relaciona con lo público/cultural y lo femenino se asemeja con lo íntimo/natural".
Si quieren conocer más sobre estos temas, los invitamos a leer “EL ARTE POLITIZADO ESTRATEGIAS PARA LA CONSOLIDACIÓN DEL ARTE COMO ACCIÓN POLÍTICA A PARTIR DEL TRABAJO DE ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS EN FUNDACIÓN CASA TRES PATIOS- MEDELLÍN” en la que no solo se habla de arte político y feminista, sino además de arte queer, urbano, y ruralizado.
















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